De dónde venimos..

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Cuando llegas a sexagenario puedes mirar atrás y ser consciente del cambio que has vivido, al margen de que no eres consciente d

 

e la edad real tienes y te sigues sintiendo aquel muchacho ávido de emociones y experiencias. El tiempo te da otra perspectiva, especialmente en el deporte, que es uno de los motores que siempre me ha motivado y emocionado especialmente, a pesar de mi discapacidad, consecuencia de las secuelas de poliomielitis que sufrí con 6 meses de edad.

Hace 50 años el deporte adaptado simplemente no existía. A las personas con discapacidad, en aquellos años se nos llamada inválidos, inútiles y calificativos similares. Aún recuerdo que cuando fui llamado a presentarme al extinto servicio militar, ya con 19 años la clasificación que recibí fue “inútil total”. Era difícil que se nos tuviera mucho en cuenta con esas denominaciones socialmente aceptadas. Recuerdo que iba al Colegio San Juan Bosco de Valencia, del que guardo muy buenos recuerdos. Disponía de campo de futbol reglamentario de tierra, varias canchas de baloncesto y un frontón. Por supuesto era un colegio solo para chicos, y los que teníamos cualquier discapacidad siempre estábamos aprobados en la asignatura de gimnasia. Podíamos ir deambulando por el patio sin un cometido definido. Nadie, ni el profesor, ni tutores, religiosos, etc. me preguntaron nada, ni me animaron a hacer cualquier tipo de ejercicio. Desde el punto de vista educativo no había empeño alguno ni interés en que los niños con cualquier discapacidad participáramos en el deporte, aunque no lo reprocho porque era un sentimiento habitual en la sociedad. Mis padres tampoco me animaron con el deporte ni el ejercicio. No había, en aquellos años que se empezaba a salir del aislamiento y escasez que nos dejo la postguerra, ninguna inquietud en que los niños y niñas inválidos hiciéramos cualquier tipo de ejercicio y/o deporte, tampoco se veía a ningún deportista adulto con discapacidad y las pruebas populares erán casi inexistentes.

Otra cosa era en el recreo con mis compañeros de colegio. En los años 60/70 del pasado siglo, la actividad deportiva en mi colegio era tremenda, los chicos jugaban especialmente al fútbol, también al baloncesto, y el frontón también tenía sus seguidores. A pesar de que algunos chicos me daban de lado, no eran todos, y algunos me permitían jugar al futbol, baloncesto y frontón con ellos. Yo era uno más, con mis carencias y dificultades, pero no sentía discriminación alguna. En fútbol recuerdo que hacía un poco la puñeta al delantero que venía hacía la portería. Siempre me ponían como defensa cerca de la portería para molestar al contrario, ¡qué buenos recuerdos me traen aquellos momentos! Agradezco muchísimo a mis compañeros que me permitieran estar jugando como uno más, ellos tenían mucha más conciencia social que la sociedad adulta en aquella época.

 

Las instalaciones deportivas eran precarias y casi inexistentes, campos de fútbol de colegios, algunos clubes como San Marcelino, Benimar, etc. y poca cosa más. Piscinas recuerdo la Piscina Valencia en la Alameda, Ferca San José, pero no fué hasta la década de los 70/80 que empezaron a funcionar. Desde luego no había deporte adaptado, no se veía en aquellos años a ninguna persona con discapacidad practicando deporte.

Recuerdo que me llamó mucho la atención por aquel entonces la experiencia que tuve con un amigo. En alguna ocasión íbamos a su casa a recoger algo, la vida siendo adolescentes la hacíamos en la calle, no había consolas, ordenadores, etc. Un día comprobé que tenía un hermano al que nunca había visto en la calle, no iba al colegio, no salía de casa. Tenía una discapacidad de la que no hablamos jamás, pero su imagen sentado en un sillón, con una piel muy blanca por falta de sol, una mirada que en aquel momento no pude descifrar pero que inquietó mucho mis pensamientos.. Hoy hubiera sido diferente y seguro que hubiéramos hablado y confraternizado, aquella situación me hizo ser consciente de que había personas con discapacidad que no se veían por la calle y que eran atendidas por su familia en sus casas, edificios sin ascensor que desde luego tampoco facilitaban mucho las salidas al exterior.

Hoy, y a pesar de que todavía queda mucho por hacer, mucho por conseguir y muchas igualdades que conquistar, mi perspectiva del deporte adaptado es de inmensa satisfacción.

Tengo que agradecer a muchísimas personas que han contribuido a la situación actual y que me han permitido y me permiten disfrutar, como cualquier otro deportista más, de campeonatos y competiciones.

 

Sin ese inmenso trabajo, ganas y actitud no hubiéramos podido llegar hasta hoy. Hay que seguir adelante. Hay que seguir apostando por el deporte adaptado. Seguiremos consiguiendo medallas y trofeos, pero hay que seguir apostando por el deporte adaptado de base, el que permite disfrutar y crecer como personas. Aunque las miras sean modestas, el deporte para personas con discapacidad es una descomunal terapia, que nadie lo olvide.
Y sobre todo, tú, persona con discapacidad, en tu mano está conseguir un sueño. Cuando era un chaval jamás hubiera pensado que el triatlón me llevaría a viajar por el mundo, participar en campeonatos de España, Europa y el Mundo, y a conocer a personas que me han enseñado que las peores discapacidades son las que tenemos en nuestra mente, nuestros miedos e inseguridades. Yo he podido, y tú también puedes, si no estás en marcha,
¡¡¡PONTE YA!!!

Valeriano Moreno García
Paratriatleta
Presidente Federació de Triatló de la Comunitat Valenciana
presidencia@triatlocv.org

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