Análisis de la pisada, ¿engaño?

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Amigos y amigas de la revista Insport, mi nombre es Laura Ortolá, soy Podólogo Clínico, con número de colegiación 2.709 de Valencia. Poseo 10 años de experiencia, y estoy especializada, entre otros, en el análisis diagnóstico del aparato locomotor y sus alteraciones. Esto implica,inevitablemente, que soy Titular de un taller muy especializado en plantillas terapéuticas, en el que dominamos diversas técnicas y materiales.
Desde hace algunos años, como bien sabéis, ha habido un incremento masivo del número de corredores y eventos deportivos relacionados, además de todo un universo de artículos comerciales para el corredor. Esto ha supuesto que algunos pícaros lo transformen en un negocio muy rentable, de dudosa profesionalidad, a veces incluso ilegal.

Entre ellos encontramos destacable el análisis de la pisada como “producto”, las plantillas prefabricadas que dicen ser especializadas, y las zapatillas de “pronador-supinador”. En cualquier caso de los mencionado se trata de diagnóstico médico y tratamiento de una patología, estática o estructural, y/o dinámica o biomecánica.
Veremos más adelante que (te falta el acento en la e) formación y circunstancias deben producirse para poder ejercer la Medicina y la Podología en España, pero hoy os explicaré de que partes consta este diagnóstico y dónde (falta el acento en dónde) queda el análisis de la pisada.
El Podólogo,en la actualidad, es el Graduado Universitario en Ciencias de la Salud, especialista en medicina del pie. Diagnostica y trata las enfermedades de los pies, desde la Podología infantil y desarrollo del aparato locomotor, vida adulta, enfermedades del trabajo o del deporte, pie de alto riesgo, neurológico, traumático, senil, etc. Recoge sobre todo, las perspectivas de Traumatología y Dermatología del pie integrados, biomecánica completa del aparato locomotor, y dismetrías estructurales y funcionales, Ortopodología o plantillas altamente especializadas, y cirugía, tanto trauma como dermatológica.
¿Cómo diagnostica un Podólogo? Cuando llega un paciente a mi consulta, le observo moverse mientras se prepara para subir al sillón, veo como pisa descalzo en el suelo despreocupado, observo también el tipo de calzado que utiliza, si esta desgastado o deformado. Esta parte es muy importante ya que me da mucha información de forma natural sobre su caso clínico concreto.
Inmediatamente después, es determinante realizar un profunda entrevista, dónde averiguo sus antecedentes infantiles, familiares, hábitos y gustos, profesión, si practica deporte y a qué nivel, operaciones o traumatismos, hábitos de higiene, etc. Pero lo más importante es saber qué importancia le da él a sus pies, su percepción del dolor y la deformidad, y sobre todo como percibe él su problema, cuál es el motivo principal de su visita, que es lo que de verdad le preocupa, que no siempre coincide con lo que preocupa a mí como Podóloga.
En el orden exploratorio y diagnóstico, la tercera parte determinante es el patrón dermatológico, es decir, dónde existen durezas, rozaduras, engrosamientos o cualquier tipo de alteración de piel y uñas. Estas manifestaciones, y la observación en descarga (camilla) de la posición de caderas, rodillas y tobillos, así como la anatomía del pie nos dan ya una aproximación diagnóstica. Ya sé que ocurre, la importancia que tiene para el paciente y como afecta a su vida, si hay que actuar de forma inminente o se puede y debe esperar y controlar mediante revisiones periódicas.
Siempre podemos hacer plantillas preventivas o de descanso, pero el paciente debe y merece saber la verdad.
1. Observación inconsciente. 2. Sintomatología e información adicional. = Diagnóstico 3. Anatomía, deformidad y patrón dermatológico.
Las pruebas complementarias.
Una vez realizado el diagnóstico, procederemos a corroborar lo hallado. Subiremos al paciente a un podoscopio o plataforma de presiones electrónica para el diagnóstico estático de la pisada y centros de gravedad. En este punto valoramos la posición global de columna y miembro inferior que no es posible valorar totalmente en camilla, como dismetrías alteración de los ejes corporales, basculaciones compensatorias o adaptaciones que realiza el cuerpo realiza para el ahorro energético muscular. Y aquí llega la supuesta estrella: la pisada, en este caso estática, que únicamente va a evidenciarnos dónde están las durezas y alteraciones hay mayor presión. ¡Blanco y en botella, leche!… Dureza es igual a proceso isquémico, no llega bien la sangre por el exceso de presión, y la piel se defiende endureciéndose. Las posiciones anatómicas vistas en camilla tiene una correlación con lo que vemos en la pisada, solo que la pisada nos corrobora una parte muy pequeña, no es suficiente ni de lejos para realizar un diagnóstico, la pisada de forma aislada nos da muy poca información.
¿Dónde termina el diagnóstico médico y comienza el engaño? Casi todos los pies presentan alteraciones, anomalías o pequeñas variaciones, individuales y respecto al otro pie. Entonces, ante tal afirmación, ¿Todos los pies necesitan plantillas? No, rotundamente no.
La voz de alarma, el motivo de acudir a la consulta de un especialista es, que el paciente presente sintomatología dolorosa en columna, cadera y miembro inferior, deformidad en las mismas localizaciones, o alteraciones dermatológicas (piel y uñas). Todos los pies cavos tienen una serie de consecuencias concretas que se manifiestan evidentemente en la pisada. Entonces, ¿Todos los pies cavos necesitan plantillas? No, ni por asomo. La realidad clínica es otra. Por ejemplo, un paciente con 70 años y pies cavos acude a la consulta para limpieza ya que no llega a cortarse las uñas; presenta durezas y deformidad, pero no presenta dolor ni preocupación a pesar de haber hecho deporte de forma semiprofesional toda su vida. Otro paciente de 10 años con pie cavo al que le imposibilita hacer vida normal, mucho menos deporte. Mismo pie, mismo diagnóstico, misma “pisada”, pero nunca mismo protocolo terapéutico.
La pisada no es determinante en ningún caso.
¿Comprendes ahora como te están engañando?

Laura Ortola
Podóloga

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