Restricciones, emociones y trastornos alimentarios

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La forma de alimentarnos muchas veces se relaciona con nuestras emociones. En muchas ocasiones detrás de la manera de comer se esconden emociones no gestionadas, que buscarán una válvula de escape, como la comida.

Esto ocurre en los casos en los que existen prohibiciones. Cuando la emoción se dispara y no se gestiona de manera adecuada, se tiene tendencia a buscar esos alimentos prohibidos, que suelen ser alimentos grasos o azúcares. Por lo tanto, la prohibición será la que lleve a una ingesta, a veces, compulsiva.

Es importante evitar, en consecuencia, regímenes restrictivos y prohibitivos, ya que estar a régimen implica restricción (además de monotonía), mientras que hacer una dieta, significa llevar un estilo de vida saludable. Un estilo de vida conlleva comer de manera saludable, practicar de forma regular ejercicio físico y gestionar las emociones de una manera adecuada, hacerles frente para no taparlas y que busquen una válvula de escape.

¿Qué problemas puede conllevar la comida como válvula de escape emocional?

Se pueden generar conductas impulsivas, en las que el picoteo se convierta en una práctica habitual, pero también conductas compulsivas, o desencadenar trastornos alimentarios y de la ingestión de alimentos, como el trastorno por atracón, la bulimia o la anorexia.

¿Pueden darse estas conductas en el deporte?

En la práctica deportiva en la que se exija mantener un rango de peso se pueden dar restricciones alimentarias. Entre estos deportes destacan los deportes estéticos (como la gimnasia o la danza), los de categorías de peso (como el combate), o los deportes de resistencia (como el atletismo, el ciclismo o la natación).

Estos deportes, además, son deportes con mayor riesgo de padecer trastornos alimentarios y de la ingestión de alimentos.
Estos colectivos más vulnerables a poder desarrollar este tipo de trastornos se exponen a mayor presión de la estética o peso propios del deporte que están practicando. En estos deportes la imagen corporal está íntimamente relacionada con el peso y tendrá repercusión en la alimentación. Se puede generar una obsesión por la imagen corporal, que deriva en muchos casos de las exigencias propias de la competición. Para mantener el peso que por competición se considera adecuado, se está inculcando una filosofía restrictiva en la comida. Esta necesidad de mantener el peso en un rango puede convertirse en un factor desencadenante de trastornos alimentarios y, una vez instaurados, la realización de regímenes restrictivos como control del peso puede ser un factor que mantenga dichos trastornos.

¿Se puede mantener entonces un peso adecuado a la modalidad deportiva que se practique y que sea saludable?

Sí se puede, por supuesto, pero es muy importante trabajar los hábitos alimentarios, realizando dietas adecuadas, que sean individualizadas y saludables, y no solo regímenes restrictivos en períodos de competición; además de hacer un trabajo personal intenso respecto a la autoimagen.

También es importante que los entrenadores cuiden el entorno para no convertirlo en lugares de presión para mantener un peso por debajo de las recomendaciones.
Además, es imprescindible que el entorno de un deportista esté atento a posibles cambios en la alimentación (ayunos, grandes ingestas o cantidades muy pequeñas de comida), cambios de comportamiento (como una práctica excesiva del deporte, vómitos o uso de laxantes), o bajada del rendimiento, para descartar si se trata de un posible trastorno alimentario. Nunca hay que transmitir obsesión por el peso corporal, ni hacer sentir al deportista que las restricciones alimentarias deben formar parte de su vida cotidiana, dado que, como cualquier persona, tendrán emociones que se disparen y, si no son gestionadas
de manera adecuada y se tiene tendencia a tener restricciones alimentarias, pueden desencadenar problemas alimentarios serios.

Por lo tanto, tengamos en cuenta que se puede seguir una alimentación saludable (se realice ejercicio físico moderado o se practique un deporte). Para ello es fundamental que quien paute las estrategias nutricionales sea un profesional del tema, un Dietista-Nutricionista que tendrá en cuenta tanto las necesidades y prioridades individuales, como las exigencias del deporte. En caso de necesitar trabajar la parte emocional o si los entrenadores detectan conductas que sospechen puedan tener relación con los trastornos alimentarios, es aconsejable acudir o derivar a un Psicólogo. Practiquemos deporte de una manera emocional y nutricionalmente saludable.
¡Salud a todos!

Mónica Albelda Barba
Dietista-Nutricionista y Psicóloga
www.psicologiaynutricion.es
@monicaalbeldabarba

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